TERRIBLE IDEAL: YOUTH

Adults and children at the same time, young people are confronted with a tradition that (still) does not belong to them. Between rebellion and joy, two parallel beings coexist within that temporary limbo that is the young body. Limbo or paradise? „The places of memory are the cities of others,“ writes Maike Mia Höhne when presenting the programme of the Berlinale Shorts 2018.

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Still from ‚T.R.A.P‘

Ready for the ritual and the game, the three characters of T.R.A.P (Manque La Banca, Argentina) cross a secret jungle, they dirty their boots in the mud, they make their way through the reeds, perhaps with the intention of conquering a city, that city of others. They are not casually dressed (wearing costumes?) as medieval warriors. They walk and play in the jungle, they visit a grave, they kiss. Is that a parallel world or an ideal world? The idyllic jungle is over, they talk about the present, they get into a car. On the radio, the voice of a journalist: news about the Santiago Maldonado case, dead in a river, killed by (para)police repression in the immense cold of Patagonia. The young warriors of „T.R.A.P“ can no longer be innocent. Something disquiet them. Something awakened them. It is the clash between the ideal universe and the brutal reality. That is: youth.

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Still from ‚Imfura‘

In „Imfura“ (Samuel Ishimwe, Rwanda) there is also a young man and he is called Gisa. Gisa visits the village of his (dead) mother to witness a dispute surrounding an inheritance: nothing more than the ruins of a house destroyed during the genocide. Ruins in the jungle. Away from sentimental images, Samuel Ishimwe (cameraman, director and editor of the film) accompanies his protagonist with serenity and patience. And trusting that only filming those spaces, those landscapes, those faces, will reveal something about that dead mother, whom Gisa never knew. There is not much that can be told about her, they say to Gisa, but the memory is in his body, they also tell him. To exorcise the past he must visit the present. He has to witness a celebration, accompany the fishermen in their work, he has to witness the (exemplary) civic-legal debate about the inheritance, he has to wander around. Simply be there and be part. During youth, past and future mean present. Samuel Ishimwe trusts on the idea that cinema is the art of present.

City of Tales Stills 1 - Arash Nassiri

There is no city in „City of Tales“, (Arash Nassiri, France) or, if there is one, it is imaginary, fictional, hybrid, and its name is spelled in Persian, although we are in Los Angeles. It is night, and it seems like an eternal night. A group of young people seem to prepare a night ambush, armed only with flashlights. But this colorful night is not magic. Although yes what happens. Linguistic colonization? Poetic justice? Young African-Americans are rapping, but in Persian, with a marked doubtful pronunciation; they have their headphones on, they are standing outside a mini-market, and they are singing memories (of others) of the Tehran of the 1960s and 1970s. A taxi driver repeats, while driving, sentences in Persian. Is he learning the language or is he possessed? Arash Nassiri tells it in a conversation with the spectators after the screening: several urbanizations and buildings of the Tehran from 1960-1970 were built in the image and likeness of the Los Angeles of that time. In some cases even architects from USA were hired. In this film, for one night, the memories and sounds of the past invade the streets and images of the present, in the city of others.

(Alejo Franzetti)

 

IDEAL TERRIBLE: JUVENTUD

Adultos y niños al mismo tiempo, los jóvenes se confrontan con una tradición que (aún) no les pertenece. Entre la rebelión y la alegría, dos seres paralelos conviven dentro de ese limbo pasajero que es el cuerpo joven. ¿Limbo o paraíso?

„Los lugares de la memoria son las ciudades de los otros“, escribe Maike Mia Höhne al presentar el programa de los Berlinale Shorts 2018.

Listos para el ritual y el juego, los tres personajes de “T.R.A.P” (Manque La Banca, Argentina) atraviesan una jungla secreta, ensucian sus botas en el lodo, se abren paso entre los juncos, quizás con la intención de conquistar una ciudad, esa ciudad de los otros. No casualmente están vestidos (¿Disfrazados?) como guerreros medievales. Caminan y juegan en la jungla, visitan una tumba, se besan. ¿Es un mundo paralelo o un mundo ideal? La jungla idílica se termina, se habla del presente, se suben a un auto. En la radio, la voz de un locutor: noticias del caso Santiago Maldonado, muerto en un río, asesinado por la represión (para)policial en el frío inmenso de la Patagonia. Los jóvenes guerreros de “T.R.A.P” ya no pueden ser inocentes. Algo los inquieta. Algo los despabila. Es el choque entre el universo ideal y la realidad brutal. Es decir: la juventud.

En “Imfura” (Samuel Ishimwe, Ruanda) también hay un joven y se llama Gisa. Gisa visita el pueblo de su madre (muerta) para ser testigo de una disputa alrededor de una herencia: nada más que las ruinas de una casa destruida durante el genocidio. Ruinas en la jungla. Alejado de imágenes sentimentalistas, Samuel Ishimwe (camarógrafo, director y montajista del film) acompaña a su protagonista con serenidad y paciencia. Y confiando en que solo filmando esos espacios, esos paisajes, esos rostros, podrá revelarse algo sobre esa madre muerta, a quien Gisa jamás conoció. No hay mucho que pueda contarse sobre ella, le dicen a Gisa, pero la memoria está en tu cuerpo, le dicen también. Para exorcizar el pasado tiene que visitar el presente. Debe presenciar un festejo, acompañar a los pescadores en su trabajo, tiene que presenciar un debate cívico-jurídico (ejemplar), tiene que recorrer. Simplemente estar ahí y formar parte. Durante la juventud, pasado y futuro significan presente. En “Imfura”, Samuel Ishimwe  confía en que el cine es el arte del presente.

No hay ciudad en “City of Tales”, (Arash Nassiri, Francia) o, si la hay, es imaginaria, ficticia, híbrida, y su nombre se pronuncia en Persa, aunque estemos en Los Angeles. Es de noche, y pareciera una noche eterna. Un grupo de jóvenes pareciera preparar una emboscada nocturna, simplemente armados con linternas. Pero esta noche colorida no es mágica. Aunque sí lo que sucede. ¿Colonización lingüística? ¿Justicia poética? Jóvenes afro-americanos rapean, pero en Persa, con una pronunciación marcadamente dudosa; tienen los auriculares puestos, están parados a la salida de un minimercado, y cantan recuerdos (de otros) de la Teheran de los años 1960 y 1970. Un taxista repite, mientras maneja, oraciones en Persa. ¿Aprende el idioma o está poseído? Arash Nassiri lo cuenta en una conversación con el público luego de la proyección: varias urbanizaciones y edificios de la Teheran de 1960-1970 fueron construidos a imagen y semejanza de la Los Angeles de ese entonces. En algunos casos se contrató incluso directamente a arquitectos norteamericanos. En este film, por una noche, los recuerdos y sonidos del pasado invaden las imágenes y las calles del presente, en la ciudad de los otros.

(Alejo Franzetti)

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